He prescrito a lo largo de mi vida profesional miles de tratamientos farmacológicos. A los profesionales nos ha acompañado las mismas ilusiones y expectativas que a los padres cuando lo hemos prescrito. Sin embargo, en bastantes casos, por no decir en la mayoría, los resultados no han sido tan resolutivos como esperábamos. Justamente de esta constatación surge la reflexión que expongo seguidamente.
Se oye y se lee con bastante frecuencia que las intervenciones psicopedagógicas y las psicoterapéuticas valen para perder el tiempo. Que el TDAH es un problema neurológico y que, por tanto, medicación o nada. Y yo, en mi limitada y humilde opinión, discrepo profundamente de ello. Pero vayamos por partes y comencemos por un poco de historia.
Tuve contacto profesional con el metilfenidato en el año ochenta. Los planteamientos de prescripción eran muy diferentes a los de ahora ya que éramos muy selectivos, tal vez demasiado, a la hora de indicarlo como tratamiento. Nos centrábamos, sobretodo, en las intervenciones familiares y escolares y como última opción se prescribía. Este planteamiento se ha mantenido hasta hace unos años en los que se cambia de actitud, siendo el metilfenidato o la atomoxetina la primera opción de tratamiento, apoyada y difundida hasta la saciedad con mensajes continuados en prensa normal y especializada de que no puede ser de otra manera y que otras intervenciones carecen de fundamento científico.
Pero ¿donde situar este cambio de paradigma?. Las reflexiones que siguen son absolutamente personales y, por tanto, con las que se puede estar, o no, de acuerdo.
- Las grandes inversiones de la farmaindustria en la elaboración de nuevas presentaciones viene acompañada de una campaña sin precendentes sobre la ineludible necesidad de prescribir medicación para el TDAH. Se sirven de las “grandes autoridades” en la materia para expandir entre los profesionales y público en general esta nueva filosofía, pagándoles significativas cantidades de dinero para que difundan ese mensaje de interés para la industria. Muchos de ellos, no es que mientan, simplemente ocultan determinada información que no es de interés para el negocio, sobredivalorando aquella que es le es favorable.
- La mejor forma es la creación de plataformas científicas para difundirlo, así surgen los congresos por doquier, tanto aquellos dirigidos a profesionales como apoyando económicamente a los que se organizan desde las asociaciones de afectados, intercalando a “sabios” conferenciantes que puedan generar u estado de opinión favorable.
- Eliminan del ranking de “expertos” a todos los que sean críticos con el nuevo planteamiento, surgiendo “nuevos expertos” hasta debajo de las piedras.
- Favorece el enfrentamiento corporativista: Aunque el TDAH es un Trastorno que pertenece al ámbito de la psiquiatría infantil, lo difunden entre la neuropediatría como si se tratara de una enfermedad propia de esta especialidad, argumentando que tienen una base neurobiológica, cuando el 95% de los trastornos que se estudian en psiquiatría infantil lo tienen. La realidad es que el neuropediatra es más proclive a la medicación que el psiquiatra infantil …Y punto.
- Ante estas circunstancias, yo pienso que la medicación es necesaria en la mayoría de los casos, que no es tan eficaz como nos dicen, que su eficacia no persiste en el tiempo, que las intervenciones psicoterapéutica y psicopedagógicas son absolutamente necesarias …. y que nos queda más por conocer que lo que conocemos.







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